domingo, 20 de julio de 2008

NUEVA EXPERIENCÍA EN CASA DEL TIO NONO

Este es un texto escrito por el Tío NONo.
Estoy con la idea de escribir más cosas sobre Saúl el pequeño Ratón pero se me hace grande tratar de ocupar un lugar que no me corresponde y es el protagonismo de su blog.
Ayer después de una fiesta de cumpleaños en la Ciudad Infantil que sé, fue maravilloso para el niño, donde descubrió muchas cosas, además de pasárselo pipa vino a hacerme la visita de rigor cuando está por los alrededores de casa.
Todo fue bien pues cuando se bajo del coche quiso coger otra dirección pero al decirle el Padre, Saúl , ven, mira a tití Nono. El se dio la vuelta y quiso venir muy deprisa al verme en la acera de casa mirándole. Esta vez no fue muy efusivo pero entro en casa muy alegre a recorrer toda la planta baja y mirarlo todo. Teníamos visita y conoció a Pedrito que tiene siete años por lo que desde un principio hizo muy buenas migas con Alba con la que jugó toda la tarde. Mientras, el Ratón comenzó un proceso de investigación con algunas de las cosas que hay por la casa. Primero fue por todos los sitios de un lado a otro viendo y observando de paso a Pedrito y a sus padres Vicente y Ana. Yo le seguía con la mirada y en una de esas entro en la sala de la tele y quiso coger uno de los instrumentos musicales que hay colgados en la pared, eran unas tilas, una especie de cencerros pequeños que eran de mi abuelo materno y que mi abuela me regalo para poder crear este instrumento que usaba para acompañar el canto del Gueyero y una parte de la misa Canaria que los Sabandeños crearan hace muchos años y que en mi grupo musical de juventud le cantamos a algunos amigos que se casaban y también alguna que otra fiesta local en nuestro pueblo u otros de la Isla. Descolgué el artilugio y se lo puse en la mano después de hacerlo sonar para que él lo escuchara. Fue una gran sorpresa que aceptó a la primera y con la que se paseó bastante rato haciéndolo sonar de distintas maneras. Se sentó en la escalera que sube a la parte alta de la casa y siguió haciéndolo sonar lleno de esa felicidad que solo los niños conocen y entienden. En ese lugar hay una bola de cristal llena de burbujas que siempre está encendida al lado de una escultura de Buda, subió y miró la bola desde todos los ángulos tratando de comprender que era aquella cosa encendida con tantas burbujas en su interior. Yo le miré y le dije ¡ Hola Ratón ¡ él me miró y me regaló una de esas sonrisas que son la felicidad completa. Los seis que estamos en la mesa en ese momento no podemos hacer otra cosa que comentar aquella mirada tan llena de comprensión y de complicidad que me dirigió mientras desaparecía bajando de sentadilla de la escalera y del hueco donde está la luz y Buda.
Luego fue otra vez al salón de la música y quería otro instrumento, unas Chácaras de La Gomera. Son como unas castañuelas muy grandes de madera de moral que me hizo hace algunos años un artesano en esa Isla y que yo aprecio mucho. Subido encima del espaldar de un sofá no podía sujetarse y a la misma vez coger con facilidad el instrumento que es además una de las reliquias que los aborígenes canarios nos dejaron como legado cultural y que en nuestros días se usa en la música popular y también muchos de los nuevos músicos lo integran en sus nuevas composiciones. Me lo pensé bien pues no quería el escándalo de las Chácaras y le di un pequeño tambor y un mazo para que lo tocara Fue otra expresión de felicidad inexplicable, tocaba en todas las partes del tambor y paseaba de un lado a otro sin pestañear y haciendo todo el ruido que Él podía hacer. Estaba investigando, como en un taller de experimentación sonora y Él era el maestro.
Siempre busca el porqué de las cosas, de los sonidos, un porqué que es vital para poder dar el siguiente paso. Se cansó y me devolvió el tambor. Yo quería que viniese a la mesa donde estábamos sentados y no hacia caso pues algo mas importante le llamo la atención, era la fuente de la entrada que él quería taponar y quiso beber agua fui a cogerle para que bebiese agua potable y estaba con el dedo índice entre dos estrías de la bola estriada de la fuente viendo como el agua pasaba por encima de su dedo, atento a que sucedía, experimentando de nuevo. Tomo agua y se fue de nuevo solo, entonces se me ocurrió darle la guitarra a Vicente y le dije que empezara a tocar, en cuanto escuchó la guitarra vino a la mesa y empezó a tocar la guitarra a dúo con Vicente pero a su manera, vio que todo lo que hacía y tocaba no sonaba como le sonaba a Vicente y miraba para las dos manos, La mano que tocaba, la mano que trasteaba, la mano que trasteaba la mano que tocaba. Se sentó al lado de Vicente a oír la guitarra hasta que se fijo que en la mesa había libros, en esta casa hay muchos libros. Tocaba un libro de portada verde que estaba debajo de otros libros y de unas carpetas de estudio que Carmen, mi mujer había puesto en la mesa para estudiar antes de llegar Saúl y la otra visita. Empezó a pasar con su dedo pulgar las hojas de una esquina del libro que sobresalía del aquel montón de libros, carpetas y apuntes. Se dio cuenta que estaba produciendo un ruido, un sonido nuevo, papeles, hojas que se movían y sonaban, le puso la mano en la guitarra a Vicente para que dejara de tocar, quería oír el sonido de las hojas de aquel libro que el pasaba muy rápidamente experimentando velocidad de movimiento y el sonido de las hojas no quería que sonara nada que le distrajera estaba experimentando de nuevo. Cuando le quedo clara su experiencia dejo que siguiera tocando la guitarra. ¿Cómo acabo todo? Con unas gominolas en la boca saltando sobre una colchoneta donde jugaron toda la tarde Alba y Pedrito, estaba tan contento que no podía hacer otra cosa saltar junto a su hermana y aquel niño que conoció aquella tarde y del que siempre que viene a casa tapa un pequeño retrato. Ayer también le dio la vuelta el retrato y lo puso boca abajo para no verlo, sin embargo acabo jugando y saltando junto a el en aquella colchoneta de la felicidad de los hijos de mi hermano y de mis amigos.
Gracias por tan gratas experiencias para el Tío Nono y la Tía Carmen. Estuvimos hablando hasta la madrugada de aquella visita que como todas son un verdadero regalo para nosotros. Ese ratón que solo regala felicidad.
Otro día les cuento lo que paso con una bandeja de cenizas de varillas de sándalos e incienso que llevaba recolectando desde hace meses para un día en la playa después de un baño extenderla por mi cuerpo y cuando se secara volver a bañarme otra vez y que se diluyeran en el mar. ¿Se imaginan que hizo con las cenizas?

Besos para los cuatro de tía Carmen y de tío Nono.


4 comentarios:

KAKUNA dijo...

Hola Nono soy Yessi tía de Saúl no tengo el honor de conocerte en persona pero me gusta como interpretas las actitudes de Saúl, sobre todo porque por lo que veo en mi trabajo y más en concreto con mi lagartija (así lo llamo yo) se que la manera que tienes de interpretarlo es la más apropiada me sorprende leer como asiertas en todo lo que escribes de él gracias Nono. .................. muchos saludos para ustedes para tí y para tu mujer Carmen: Yessi

Yoly dijo...

Tio Nono, me ecanta leer sus mensajes ya que se percibe la gran ternura y amor que siente por Saúl. El relato es como si estuviera viendo a Saúl y escuchándolo tocar los instrumentos y caminar por la casa. Ojalá todos nuestros hijos tuvieran un Tio Nono.

Saludos,

Arturo dijo...

Hola Tio Nono,
No dejes de escribir,es maravillosa la capacidad que tienes de percibir cómo es Saúl. Es evidente que es un niño muy despierto y que tiene ganas de investigar y conocer todo lo que ocurre más allá de su cabeza. Es muy importante, el muestra un interés o un punto de atención así que ya tenéis un hilo de dónde tirar. Además da la sensación de ser un niño extremadamente sensible. Con cariño Esther.

Fabi dijo...

Me encantan los relatos de tío Nono! Me hace sentir como si yo estuviera presente viendo a Saúl. Además, es capaz de observar, rescatar y remarcar todos las virtudes de Saúl!
Es bueno que pueda comprenderlo y acompañarlo de esta manera.
Qué suerte tiene Saúl!
Besos
Fabi